Que ardan los closets

Nota de la compañeraza Mayra Lucio sobre el estigma que se busca imponer sobre las abolicionistas, y cómo va en contra de la lucha, la construcción y las prácticas del feminismo.

Matria

| Por Mayra Lucio | Ilustración Mariana Salina |

Como la feminista “mal cogida” que hace diez años era mirada con desprecio, hoy la abolicionista tiene su estigma que la marca antes de que pueda abrir la boca. Es fuerte cuando lo decís, “soy abolicionista”. Y sí, un poco es como salir del closet. Como el que antes se sentía frente al querer decirnos feministas por primera vez.

Una noche, allá por el 2006, estaba en un bar algo borracha cuando tuve el coraje para decírselo a mis amigas: “creo que… ¡soy feminista!”. En mi memoria lo digo gritando, no sé si fue así pero recuerdo que tuvo el carácter de una confesión. Había un costo. Decirme feminista fue también tener que soportar a gente opinando porque el aire es gratis, que feminismo “es machismo al revés”, que las feministas “están en contra de los hombres”, que son unas resentidas, unas…

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