Carta Abierta a Malena Pichot

Por Grupo Maleza |

Decidimos escribirte esta carta abierta a partir de leer tu nota (https://www.pagina12.com.ar/82701-mamushkas-feministas) en Las 12, en la que notamos una serie de esterotipos preocupantes y de verdades contadas/sabidas a medias llevadas a un medio muy masivo.

Nos resultó muy curioso cómo te “fascinaste soberanamente” con una noticia de acoso sexual de la que opinaste con un tinte característicamente irónico, pero no menos conservador que los dichos que podrían tener nuestros viejos. ¡Hay que fascinarse soberanamente -¿es decir, como alucinada desde un trono?- con el escrache de otra!

Fascina tanto que oculta, en este feminismo nuevo y descontextuado, la conocida cita al patriarcado que responsabiliza a la que recibe el abuso. La chica en cuestión (Sol Pérez, que en definitiva podría ser cualquiera), dice que se sintió una prostituta refiriéndose a que le pidieron que haga acciones de índole erótica que la incomodaron y que no estaban en su contrato, como tener que bailarle a un viejo pajero que estaba con los ojos vendados. Sólo dijo a qué le remitió la situación, cómo la hizo sentir. No agregó a ello calificación alguna, sino que describió cómo quienes la contrataron rompieron el contrato.

En realidad ésto es una figurita repetida en prostitución, no es nada nuevo como para asombrarse, sino un hecho recurrente que nos la pasamos intentando hacer visible. ¡Y cómo jode! Es verdad que se pierde un poco el glamour cuando te sentás a escuchar cómo los viejos pajeros (en situación de prostitución o en cualquier otra) rompen los pactos: cómo rompen los pactos los clientes, quienes dicen respetarte. Entendemos que no haya figuras públicas que se hagan eco de estos relatos que no son muy cool. El hambre, y las raíces crecidas no garpan. No nos meteremos con el tema molesto de la pobreza antes, durante y después de una vida en prostitución, eso sí estropearía definitivamente la soberanía del discurso fascinante.

Siguiendo los pasos de AMMAR, a Sol Pérez le dedicás un tweet que observa que no debería quejarse por las consecuencias de lucrar con su cuerpo. Ante la lluvia de críticas, escribís una nota en el suplemento “Las 12”, opinando sobre la belleza hegemónica de la trabajadora, que por quejarse de la violación de contrato fue amenazada con ser denunciada por un… sindicato! La verdadera la frutilla del postre

Ese baile al viejo pajero y con plata estaba fuera del contrato. ¿Sería eso acoso laboral o sexual? Si te gusta más laboral, pongámosle entonces fue laboral. ¿Cómo es que pasamos por alto que en ese contexto haya aparecido un sindicato, no para solidarizarse con la trabajadora, sino para amenazarla con una denuncia haciéndole un guiño cómplice a la patronal? Aprovechando para figurar, Georgina Orellano (AMMAR) puso el foco en lo que dijo, dejó de decir o debería haber dicho esta trabajadora que estaba explicitando un abuso.

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¡Qué poco sindicato querides! incapaces de defender a una trabajadora, la persiguen. ¿No es la denuncia acaso un recurso policíaco? ¿esa es la forma de sensibilizar a la sociedad? Ir marcando con el dedo para denunciar: una suerte de punitivismo militante.

A estas alturas, creer que la gente piensa que la prostitución es “hacer cosas indignas por dinero” (¿de dónde sacaste esa cita, Malena?) o que el sexo es reproductivo, suena a intento de rebeldía en el post franquismo. Como feministas entendemos que la soberanía del cuerpo es un valor supremo, defendemos el derecho a decidir, a abortar, al placer libre y polisexual. Nótese que las prostitutas abolicionistas nunca le han dicho a nadie lo que tiene que hacer, porque al abolicionismo no le importa lo que cada una haga con su cuerpo. Acordamos en este punto. Lo que no queda muy claro es por qué haría falta reafirmarlo.

Sería interesante mencionar que en varias oportunidades se vio aflorar una suerte de ‘feminismo mercantilista’ que llamaba a las mujeres a no ser boludas y cobrar por coger, “qué es eso de andar cogiendo gratis?” Entonces ¿Quiénes estarían diciéndole a otras qué hacer y qué no con sus cuerpos?

Nos preguntamos también ¿Será la nota en Las 12 consecuencia inevitable de tu fascinación soberana con Georgina Orellano (Secretaria General de AMMAR) que se sienta en la mesa grande de la CTA, y que muchos ojos inocentes ven como a una simple trabajadora que pelea por todas? (Vale notar que de ser así, sería el único gremio donde dirigenta, regenta, patrona y trabajadora son sinónimos indiscutibles). ¿Será esa fascinación lo que hizo que apoyaras a un gremio que amenaza a una trabajadora, y a poner la palabra ‘dignidad’ en el discurso de Sol Pérez?

Cuando una es una figura pública y se vuelve masivamente visible puede decir muchas cosas sobre la prostitución, o el trabajo sexual, porque te dan espacio en muchos medios para hablar del tema, y poder elegir qué decir y que no. Se puede elegir qué datos borrar de un plumazo, como por ejemplo, la lucha organizada de todas aquellas prostitutas que consideran que la prostitución es una de las más crueles formas de violencia de género que les toca vivir, y que está muy lejana de la idea de “trabajo”. Prostitutas que están lejos de las cámaras, de la farándula, de los medios masivos, y de los jugosos fondos internacionales. Y para ser justas, vos no sos una mera figura pública. Consideramos que sos una valiosa activista con mucho virtuosismo artístico y militante, te bancamos los trapos, pero no en esta.

Como somos anti ídolxs, nos permitimos hacerte esta crítica pública, con la esperanza de que puedas tomarla como un aporte constructivo.

Por más que defiendas a AMMAR “fervientemente”, por más amor romántico y embelezamiento que te produzca a vos y (a tantxs!) algún cuadro reglamentarista, los paraguas rojos, y sus slogans punchi ‘ocurrentes’; las prostitutas existen y también se organizan por fuera de AMMAR. De hecho, están las fundadoras de AMMAR que hoy son AMADH (Asociación de Mujeres Argentinas por los Derechos Humanos) y a ellas no les dan tanta pelota en las redes sociales, pero siguen para adelante porque: la mayoría está en las esquinas, luchando hace años contra un Estado ausente que sólo aparece para meterlas en los calabozos. Su lucha se funda en el territorio, y contrapuesto a eso, no hay discurso canchero que valga.

Cuando afirmás que “Desde que conozco la las trabajadoras sexuales muchas de mis ideas feministas han virado para siempre” estás desconociendo a la enorme cantidad de mujeres y travestis que mencionamos más arriba, y no sería justo que ese desconocimiento se replique masivamente.

Desentramar la complejidad de mamushkas no se puede hacer escuchando sólo el discurso mainstream, nunca se ha podido, ni en el feminismo ni en ningún otro movimiento político.

Llamás a leer, debatir y repensar, entonces decimos: Sí! Leamos, debatamos y repensemos, pero sobre todo, salgamos al territorio, escuchemos todas las voces. Si vamos a politizar, politicémoslo todo y permitámonos sospechar de un gremio que sale a atacar a una trabajadora.

Feliz navidark!!!
te deseamos, las malezas

PD: Crecimos viendo que hasta para venderte un reloj hay que mostrar un culo de mujer. Nuestra “educación sexual integral” fue la pornografía cisheteroporonga: “el destape” de los 80s es obsoleto, salvo para las monjas de clausura. ¡Dios ha muerto, la concha no es sagrada!

 

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