El fuego verde crece y no se apaga

El movimiento de mujeres lesbianas travestis, trans y no binaries enfrentó este año su mayor batalla política. El tratamiento de la ley de interrupción voluntaria del embarazo en el Congreso nos catapultó a nuestro máximo nivel de organización y movilización. Las marchas y vigilias, los pañuelazos y tuitazos, las miles de actividades de difusión en todo el país, son el resultado de décadas construcción feminista.

Bajo la lluvia, entre carpas y gazebos, millones de personas se convocaron para escuchar el debate y presenciar la votación de la Cámara de Senadorxs de la Nación el 8 de agosto. Desde el inicio de la sesión por la mañana, hasta la votación en la madrugada, los pañuelos y cintas verdes coparon la plaza del Congreso y los alrededores sobre Avenida de Mayo, Callao y la Avenida 9 de Julio.

Miles de mujeres se convocaron en plazas, facultades, casas de la memoria, centros culturales y legislaturas en todo el país realizando una verdadera vigilia federal. Además, en toda América Latina, más algunas ciudades de Europa, Estados Unidos e incluso Corea, se realizaron pañuelazos en solidaridad con las argentinas.

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Nada de eso fue suficiente para que el Senado reflejara la voluntad popular. Por 38 votos contra 31, se desestimó el primer proyecto de ley sobre el aborto que se debatió en el Congreso de la Nación y que contaba con la media sanción de la Cámara de Diputadxs. La votación fue una derrota previsible, pero no por eso menos amarga. La sentimos en el cuerpo y en el alma, esa alma colectiva donde nos duele la muerte, la tortura y el maltrato hacia tantas de nuestras hermanas. La tristeza, la frustración fueron palpables: haber llegado tan cerca para chocarnos contra la indiferencia y el desprecio de muchos senadores y senadoras.

El huracán verde igualmente se abrió paso por toda la Argentina, alimentado por un vendaval de emociones y militancias. Derribó muros y silencios por todo el territorio, y dejó un rastro de pañuelos y cintas verdes en pueblos y ciudades por igual. Esta potencia feminista fue el gran logro y el gran avance de la lucha de este año. Por primera vez desde el 2007, el proyecto de ley de la Campaña Nacional por el Aborto Legal Seguro y Gratuito fue tratado en el Congreso. Once años y siete presentaciones fueron necesarias para llegar a este punto. Durante ese tiempo se realizaron además cuatro marchas nacionales bajo al consigna “Ni Una Menos” y dos Paros Internacionales de Mujeres, Lesbianas, Travestis y Trans.

La Era de los Pañuelos

El pañuelo verde no nació de un repollo. Es el emblema de una lucha colectiva, iniciada dentro de los Encuentros Nacionales de Mujeres y continuada a través de la Campaña Nacional. Es una herencia directa de las Madres de Plaza de Mayo, y su lucha pacífica e indeclinable contra el terror. Con el pañuelo verde se comenzó a visibilizar el reclamo por el aborto legal, seguro y gratuito en las marchas de los Encuentros desde 2003, y luego en todas las actividades políticas y sociales. Las que venimos militando esta causa, vimos la masividad del uso del pañuelo como un ansiado fruto de nuestra lucha.

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Imagen: Revista Reviradas

Tras la lucha palmo a palmo en la Cámara de Diputadxs, y habiendo quedado a la vista las presiones y amenazas de la iglesia católica contra lxs represetantes, un nuevo movimiento comenzó a surgir por la separación de la Iglesia y el Estado. A través de las redes se eligió como símbolo un nuevo pañuelo, inspirado en el verde, y el color naranja. También se llegó al acuerdo de postergar actividades y organización hasta después de la votación en el Senado, pero los pañuelos naranjas empezaron a multiplicarse allí por donde fueran los verdes.

Las reacciones respecto del nuevo pañuelo fueron variadas. Por un lado, es claro que no se trata de un mero acto de apropiación, como sí lo fue el pañuelo celeste con el fraudulento lema “Salvemos las dos vidas”. Por el otro, algunxs cuestionaron la necesidad de un pañuelo para cada ocasión. También es claro que el surgimiento más o menos espontáneo de la Campaña Nacional por un Estado Laico no responde, como la Campaña Nacional por el Aborto Legal, Seguro y Gratuito, a años de construcción, organización y articulación. Tampoco parece dar cuenta apropiadamente de la extensa militancia laicista que ya existe en nuestro país, desde el ateísmo militante hasta la apostasía colectiva. En su esencia, se parece más al surgimiento del Paro Nacional de Mujeres, Lesbianas y Travestis en octubre de 2016, cuando una imagen viral y una articulación por redes sociales a toda velocidad permitió una primera medida de fuerza feminista.

El pañuelo naranja es un nuevo brote de lucha, en un contexto de masificación de la militancia en resistencia. El reclamo es legítimo y remite a los reclamos fundacionales del Paro Internacional en 2017: No más violencia, aborto legal, y separación de la Iglesia y los Estados. La amplia adhesión popular al uso del pañuelo naranja muestra la necesidad de identificar y visibilizar este reclamo. Es de esperarse que a esta nueva rama de la lucha le lleve un tiempo tomar cuerpo y organizarse al nivel de la lucha por el aborto legal. Por lo pronto, el trámite de apostasía se encuentra en auge y miles de personas lo iniciaron el mismo 8 de agosto, durante la vigilia.

Construyendo el futuro feminista

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Ya respuestas de la bronca y la indignación, es hora de volver al trabajo. Con la certeza de no olvidar ni perdonar a los verdugos, con la memoria de las víctimas sangrientas de una prohibición autoritaria y machista, nos debemos un balance que nos permita aprender de esta gran lucha, para seguir adelante más fuertes y mejor organizadas.

La lucha se aprende luchando, y la maratón por el aborto legal nos abrió paso a una cancha donde hasta ahora no habíamos jugado organizadas de manera masiva. Al igual que durante  las marchas “Ni Una Menos” y el Paro Internacional, muchísmas mujeres jóvenes y adolescentes se sumaron a la participación. La difusión de información confiable sobre abortos seguros se multiplicó, así como la exigencia de estudiantes y maestrxs por la implementación de la Ley de Educación Sexual integral.

Es importante profundizar las redes de activismo y contención, mejorar las articulaciones entre organizaciones, y sobre todo dar lugar a las nuevas mujeres, lesbianas, travestis y trans que se acercan en busca de respuestas y compañerismo. Nos toca también mejorar el diálogo permanente con las y los respresentantes políticos, factor indispensable para la salud democrática. También nos queda pendiente aún trabajar la cuestión de la violencia hacia adentro de nuestras propias organizaciones. Incluso en organizaciones que no incluyen hombres cis, los casos de violencia sexoafectiva entre militantes son poco denunciados y muchas veces se carece de herramientas para resolver el mejor curso de acción.

Mientras continuamos nuesta lucha por reconocimiento legal del derecho al aborto, aún queda mucho trabajo por hacer. Muchas instancias de abortos legales por las tres causales del Código Penal siguen siendo denegadas u obstruidas por profesionales del la salud y el poder judicial. La estigmatización de la sexualidad de las mujeres sigue siendo un nudo cultural de violencia difícil de desarmar. El abuso sexual en la infancia e intrafamiliar continúa mayoritariamente impune. Aún si la ley estuviera aprobada, todos estos frentes de lucha seguirían abiertos y es nuestra responsabilidad atenderlos.

Nos animo a todas a redoblar esfuerzos, a retomar las luchas pausadas o postergadas por la gran batalla en el Congreso, a pensarnos y repensarnos desde nuestras realidades. Y como siempre y sobre todo, a poner en el foco en aquellas de nosotras que se encuentran más marginadas, más violentadas y con menor acceso a sus derechos.

El feminismo lo construimos desde abajo, y este año ha echado profundas raíces. Es de esperar, si sabemos sostenerlo, que se acerque una etapa de gran crecimiento y fortaleciminto. No podemos permitir que nos detenga la derrota en una batalla de las muchísimas que aún quedan por dar. Nuestra lucha y trabajo darán frutos, y llegará pronto el día en que el aborto seguro y gratuito sea ley en Argentina y en toda Amérirca Latina.

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