DESAFORADAS

Por Norma Graciela Chiapparrone |

Porque la libertad, la dignidad y el derecho a decidir en la Argentina están en riesgo

Porque las niñas y niños no tienen justicia, porque no se los escucha ni protege, pero aún peor que ello casi o más del 30% de ellos no comen todos los días.

Porque las mujeres mueren desangradas antes de llegar a un hospital porque somos ciudadanas de segunda, porque conculcan el derecho de nuestros cuerpos a decidir sobre nuestros derechos y deseos.

Porque el sistema de justicia funciona para la platea sanguinaria y pseudo vindicativa, pero no para el respeto de nuestros derechos.

Porque no estamos en la agenda mediática y no somos noticia hasta que una madre abandona a un hijo porque no le puede dar de comer, hasta que llegamos casi sin aliento a un hospital para morir entre sus heladas paredes porque el Estado es dueño de nuestros ovarios, y escucha a las iglesias antes que nuestros reclamos, hasta que niños y niñas se autolesionan porque el incesto los ha desvastado -cuando no intentan acabar con sus vidas-, hasta que nos violan, nos ultrajan y nos tiren en algún basural…

Porque tenemos que rogar y suplicar por una defensa justa, y gratuita, porque nuestros dineros son escasos para enfrentar en juicio a nuestros agresores, porque nuestras defensoras y activistas hacen lo que pueden pero no tanto como para conmover al Estado todopoderoso.

Desaforadas, porque pedimos primero en buen tono, luego interponemos algún recurso, y cuando intentamos visibilizar el dolor, el oprobio, el abandono y la violencia institucional, intentan acallarnos con todo el peso de los poderes -que son muchos-.

Desaforadas, porque sólo pedimos que se respeten nuestros derechos humanos, porque sí somos humanas, como los hombres, pero ellos se resisten a aceptar lo que nos corresponde.

Desaforadas, porque somos la mitad de la humanidad, la mano de obra barata que reproduce el sistema capitalista patriarcal, pero para la RAE somos feministas radicalizadas que queremos subvertir el orden establecido, así de despectivamente somos consideradas.

Desaforadas, porque somos pacíficas, porque creemos y luchamos por la igualdad, porque creemos y luchamos por nuestros derechos, porque sólo y solamente, queremos vivir en un mundo mejor y más justo, porque es posible si derrotamos al patriarcado contra el cual luchamos.

Desaforadas, porque nuestras hijas e hijos se pintaron de verde, y se saben los derechos del niño -que nosotras les enseñamos- antes que los cálculos matemáticos.

Desaforadas, por todo lo que hicimos bien, y por todo en lo que nos equivocamos, pero sabiendo que en la historia -cuando la cuenten bien contada-, no podrán ignorarnos.

Desaforadas, porque lloramos, porque reímos, porque gozamos, porque no nos arrepentimos, porque elegimos ser quienes queremos ser y eso se paga caro en el mundo machista, misógino, y nos hace blanco de su furia y persecuciones.

Desaforadas, porque no estamos solas, porque tenemos hermanas en todo el mundo, porque aún desde el dolor somos capaces de seguir avanzando para transformas nuestras vidas y las de nuestra progenie.

Desaforadas, sí, aunque cueste y duela, pero no de rodillas, no, nunca más, porque sabemos que nuestras voces se escuchan aún desde el silencio agónico de las muertas, las desaparecidas, las abusadas, las ultrajadas, las maltratadas, las ignoradas, las más humildes, las más brillantes, las mejores de nosotras que son miles por todas partes, y no permitirán que nuestros gritos se acallen, jamás.

Desaforadas, pero no vencidas.

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