La paz no vende

Por Enoe Guerrera |

Un Encuentro Nacional de Mujeres, en toda su magnitud, es la unión de miles de voces que recorren distancias inimaginables en la búsqueda de una escucha y un intercambio esperado con ansias. Son las voces las que se movilizan y las que se dirigen al hallazgo de tantas otras voces que tienen inquietudes similares para debatir, luchas inmensas y valerosas a ser compartidas y perspectivas a ser pulidas y profundizadas para seguir acercándonos a las bases de aquello que creemos es mas que oportuno cambiar y estamos en el momento justo para hacerlo.

Se tallerea, se escucha atentamente desde el respeto y la empatía y claro, se debate álgidamente. Hay una organización que está pautada desde lo implícito porque asistir a un Encuentro es entrar en un universo que se ha ido formando colaborativa y cooperativamente. Nos permite ir priorizando la participación igualitaria y horizontal donde ninguna de esas voces se escuche más que otra, haciendo que el propio encuentro verbal de todos los sentires cotidianos vayan buscándose y hallándose.

De esos decires y sentires es que se vislumbran con claridad los indicios que nos dirigen a las raíces de los problemas que vemos en nuestro cotidiano, en el que se instauran las misoginias mas naturalizadas, las visiones patriarcas que venimos a desglosar buscando espacios igualitarios de verdad y para todes.

Las encuentreras se reúnen hace 33 años en nuestro país, casi tantos años como nuestra democracia. Es un espacio que se generó de manera auto-gestiva por mujeres y para mujeres que fomentan el cooperativismo desde las problemáticas que arrastramos por siglos. En este clima de horizontalidad nos buscamos a nosotras mismas en los reflejos ajenos, en las historias y vivencias que nos cuentan y que nos ayudan a ver qué hemos estado atravesando, por dónde hemos transitado desde ese patriarcal inconsciente colectivo que nos decía hasta hace poco cómo vestirnos, o que nos juzgaba por las decisiones en nuestro propio cuerpo.

Este movimiento anual, que incluye una enorme cantidad de Talleres y Actividades, que mueve Feriantes, Artistas y Músicos de todos los puntos del país es un movimiento muy distinto del que se empecinan los medios hegemónicos en mostrar y esto, que no es un dato menor, puede realmente verse cuando se lo vive en primera persona. Este año tuve la oportunidad y la apertura suficiente para aventurarme por primera vez en uno de ellos y, desde una punta de la Argentina recorrí durante 2 días nuestro inmenso territorio para llegar al Encuentro más austral que se haya hecho hasta ahora.

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Pude constatar con todos mis sentidos que allí no nos encontrábamos con ánimos de destruir nada más ni nada menos que las barreras mentales y conceptuales que nos han hecho sanas hijas del patriarcado, cosa que hoy nos pica en todo el cuero cual parásito que debemos purgar, por nosotras, por las que estuvieron antes, por las que han sido y son víctimas de violencia y por tantas otras causas más.

Los ánimos no son violentos, mas sí pacíficos y proteccionistas y esto es algo que pude constatar por mí misma, cuando nos organizamos para la Marcha del cierre del Encuentro, en la que reclamamos por Derechos Humanos que a esta altura son básicos para Mujeres e Identidades Femeninas.

Fuimos miles, mas de 40.000 seguro, las que nos encontramos para marchar. Formábamos una cola interminable de féminas reunidas para demandar que se cumplan las pautas que nos darán un tránsito social más saludable y lo hicimos cantando y bailando, felices! Éramos unas 40 cuadras, interpelando a los espectadores que aguardaban a los lados de la Marcha más impactante que hayan visto en los últimos años y lo hicimos de manera pacífica, durante mas de 15kms que atravesaron la ciudad entera de Trelew. Entre nuestras voces podías escuchar el llamado a las mujeres que nos miraban entre atónitas, maravilladas y deslumbradas y los hombres que desde algún lugar están pudiendo entender que aquí, no estamos por joder ni por un reclamo absurdo que les quite poder sobre sí mismos sino por recuperar aquel que nos fue arrebatado, y entonces “Señor, Señora, no sea indiferente, nos matan a las pibas en la cara de la gente!” y “Mujer, escucha, únete a la Lucha” retumbaban por las paredes de los edificios y los barrios, que nos miraban impactados.

La marcha duró unas 5 horas y durante todo este inmenso e intenso recorrido -en el que también recibíamos muchísimo apoyo de los espectadores-, a nuestros lados habían voluntarias para brindarnos seguridad; eran féminas que decidían colaborar voluntariamente tomándose de las manos, haciendo una cadena infinita de mujeres que nos cercaba, evitando las reacciones de afuera y también conteniendo a quienes estuvieran dentro. El ánimo de mantener la paz siempre se pudo ver. Estaba ahí, éramos nosotras, féminas, mujeres, travestis y trans; hermanas, madres, abuelas, tías y amigas y todas sabíamos el valor de cada una de nosotras.

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Así, casi llegando al final, agotadas de tanto andar y agitar se podía ver el cordón policial que nos esperaba, abarcando toda la calle; se podían escuchar los balazos de goma a una cuadra de distancia los cuales no podíamos entender. Rápido se propagó el temor por nuestra integridad, y rápido también, la columna de la que formaba parte decidió desviar el camino de la Marcha para evitar confrontar sabiendo que nosotras no estábamos allí siendo una guerrilla sino, una vez más, siendo las que pedimos respeto y valor por nuestros derechos. Fue increíble y maravilloso ver, como desarrollábamos entre nosotras un protocolo de seguridad totalmente proteccionista que nos llevaría sanas y seguras hasta la Plaza Centenario porque no, no estábamos allí para romper todo, no es esa nuestra finalidad… nuestro pedido es otro, mucho más simple y altruista. Queremos la libertad de vivir en paz, de trabajar y tener las mismas posibilidades que cualquier otro hombre, que sepas que un “no es no” y que en nuestros cuerpos decidimos nosotras, le guste al que le guste y le pese al que le pese.

Vos me vas a decir que en la tele y en la radio escuchaste que nosotras somos las violentas y yo acá te voy a contar que eso no es verdad, que es lo que te quieren hacer creer para que todo se mantenga siempre igual. Me vas a decir que las paredes y la mugre y yo te voy a decir que las pibas se nos mueren en manos de sus maridos, novios y amantes, o violadas y abusadas en cualquier callejón, ultrajadas. O que te las encontrás siendo niñas madres de una violación, o desangradas en los hospitales, pidiendo ayuda porque quisieron decidir qué vida tener y nadie las pudo contener; ni el Estado, ni la Salud Pública, ni la Educación, ni la Religión que les dijo que todo lo que sentían estaba mal y les negó posibilidad de acceso a otras vías y así fuimos quedando históricamente arrinconadas y sin posibilidad de elección.

Estoy casi segura de que tampoco te van a contar de los robos –totalmente organizados- a 3 escuelas donde paraban miles de pibas; ni de que no tiene cuajo una feminista tirándole una molotov a un perro porque nosotras no somos especistas sino proteccionistas. ¿Te dijeron que una turba de fanáticos religiosos armo un fuego inmenso y que irrumpieron en la marcha para agarrar a una piba y tirarla a la hoguera? ah, no claro, eso también lo pudieron omitir. Seguro que no te dicen de todos los colectivos que nos dejaron varadas para que no pudiéramos continuar con los talleres, ni de los boicots y las agresiones infundadas como cuando volviendo queríamos bajar en estaciones de servicios y nos prohibían la bajada para ir al baño o a hacer compras “por violentas”.

En el Encuentro como en la Marcha se vive todo a flor de piel. Se ríe y se llora al ver a una abuela o a una niña que desde su casa te muestra orgullosa su pañuelo verde en señal de férreo apoyo. Nos emocionamos, nos abrazamos y desde adentro, celebramos tenernos a cada una porque el Feminismo nos ayuda a reconocernos desde el altruismo.

Ya no nos importan las cosas que nos diferenciaban antes, ni si escuchamos la misma música o no, cómo nos vestimos o que estilo curtimos. Tampoco nos interesa si te gustan los hombres, las mujeres, o si querés ser distinte de como biológicamente naciste. Ser Feminista es reconocer que en nosotras hay valores mucho más importantes que tienen que ver con la vida de verdad, con que el amor es amor, sin importar de la manera que queramos manifestarlo siempre que sea desde el respeto y el consentimiento y con el compromiso de dejarle un mundo mas sano a la que viene atrás mio, sea quien sea.

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Desde ayer me resuena esto… la paz no vende. A nadie le importa si marchamos tranquilas, para que esto sea noticia, para que se alimenten los comercios y los medios, para que los policías tengan “trabajo que hacer” la violencia es el medio, y entonces nos quedamos con ese relato que creemos legítimo. Lo cierto es que como sociedad nos importa la fachada, pero eso mismo es lo que vinimos a cambiar.

“Nos tienen miedo porque no tenemos miedo!” Susurran las brujas feministas, mas empoderadas que nunca al andar.

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