Graciela Collantes: “Que nos reconozcan como trabajadoras sexuales no nos va a poner en un lugar de igualdad”

Graciela Collantes participó del panel “Prostitución, ¿Abolicionismo o reglamentarismo?” en la Semana de las Disidencias organizada por la Comisión de Géneros y Disidencias JVG, en el Instituto Joaquín V. González. Graciela fue fundadora de AMMAR y hoy preside la asociación civil AMADH, Asociación de Mujeres Argentinas por los Derechos Humanos. “Me alegro que hoy el debate esté acá. Yo no estoy para cuestionarle a ninguna compañera el cómo se llame. Simplemente estoy para que hagamos entre todos cumplir el abolicionismo. Porque el abolicionismo es una herramienta de derechos humanos que nos ayudó a todas las sobrevivientes y a todas las personas que hoy tienen que sobrevivir de la prostitución, a levantar la voz y a empezar a reconocernos. El abolicionismo es el único que propone en la Argentina cumplir con los derechos fundamentales de todas las personas en la prostitución”


“Un problema de las putas”

“Por primera vez me toca un panel con tantas jóvenes” se alegra. “Escucharlas para mí es como una batalla ganada, que hoy estemos aquí y podamos debatirlo, porque hace 23 años parecía que era un problema de las putas únicamente. Que las putas tenían que zafar del proxeneta, que las putas tenían que zafar de la represión, que las putas tenían que pedir al Estado políticas públicas.”

Graciela Collantes nació en Tucumán, en un contexto de pobreza y vulnerabilidad. Por ese motivo fue presa fácil de la trata de personas. “No fui esa característica víctima que secuestran, fue otra forma, hay distintas formas de captación. Hoy por hoy la mayoría de las captaciones son por las redes sociales.” Graciela se considera una sobreviviente de trata y tráfico de personas, y también sobreviviente de la situación de prostitución. “Estuve de los dos lados. Cuando pude zafar del proxenetismo, no teníamos una ley siquiera para denunciar. Primero tuvimos que batallar para tener una ley contra la trata, y eso nos llevó junto al feminismo un montón de años. Imagínense, todas las víctimas que pudimos zafar en los noventa, no tuvimos Ley de Trata. No pudimos denunciar. Me considero una sobreviviente de verdad, porque hoy me doy cuenta, mirando 23 años hacia atrás, ¿Cómo pude soportar?¿Cómo pudimos soportar?”

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De perseguidas a trabajadoras

Graciela cuenta cómo fue el incio de la lucha contra la represión policial. “En 1995 empezamos a juntarnos, y a hablar en los lugares donde podíamos: adentro de los calabozos, en las esquinas, adentro de los patrulleros donde nos llevaban detenidas. Así nos llevó a esto de plantarnos y a defendernos con nuestros cuerpos, que era la única herramienta que teníamos en ese entonces para parar las represiones, para zafar del proxenetismo y empezar a denunciar. Pero no nos importó. Nosotras cuando nos organizábamos, cualquiera que venía y nos ofrecía ayuda, aceptábamos. Encontramos un lugar donde nos empezamos a reunir, la Central de Trabajadores Argentinos.

“Bievenidas compañeras, ustedes son trabajadoras como nosotros, trabajadoras sexuales”, relata que les decían, y ellas quedaron admiradas. “Que nos reconozcan trabajadoras después de haber estado comiendo mierda adentro de los calabozos, con cero educación que teníamos, que me llamen trabajadora para mí era la lucha ganada.” Así comenzaron a visibilizar y a denunciar. “Nos sirvió el paraguas político como trabajadoras sexuales en ese tiempo. Pero después empezamos a discutir entre nosotras, diciendo ‘¿vos sos trabajadora?’ entre nosotras en las esquinas. Hasta que llegamos a hacer una asamblea con Diana Maffía y otros compañeros de la CTA, que hablaban de que nos convenía convertirnos en un sindicato, para tener todos los beneficios que tiene cualquier trabajador o trabajadora.” En ese momento empezó una discusión interna.

“Imagínense ustedes, reconocer qué doloroso, después de que nos decíamos trabajadoras, empezar a mirar qué nos había pasado en nuestra historia, por qué estábamos en esta situación. Empezamos a escuchar los derechos de las personas, cuando empezamos a empoderarnos y a decir ‘¡Nosotras tenemos derechos!’ ¡Hasta ese entonces no sabíamos! ¡y nadie se preocupó de enseñar, porque ese era un tema ‘de las putas’! Por eso yo digo: no nos va a cambiar, y  no nos va a poner en un lugar de igualdad que nos reconozcan como trabajoras sexuales. Porque nosotras ya hicimos ese recorrido. ”

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El abolicionismo como herramienta de Derechos Humanos

“En el 2003 nos separamos del grupo de la CTA y nos constituimos en AMADH. Trabajamos y desde ahí levantamos la bandera abolicionista. ¿Qué es el abolicionismo de la prostitución? Pedir políticas de inclusión para las mujeres que quieren salir de la prostitución, con formación laboral y educacion. Para eso nuestra organización hizo un centro educativo adonde las mujeres, travestis trans pueden ir que está en el barrio de Once, y tenemos también un centro de formación laboral. Por más que nosotras queramos diseñar políticas públicas, este sistema es inmenso. Y el mismo sistema va generando nuevas putas, renovando el plantel, entonces todos los días ingresan más putas al sistema. Cuando hay una desocupación tremenda, cada día estamos más expuestas a quedar sin trabajo.”

“La explotación sexual y la trata de personas estan contempladas dentro de una una ley, que logramos nosotras dentro del abolicionismo. Las pocas derogaciones de los artículos de códigos de faltas también las logró el abolicionismo. La última, la derogación del artículo 68 del código de Buenos Aires, fue una de las contravenciones más represivas que quedaban. Nos costó mucho porque ya en el 2003 lo empezó Diana Sacayán a denunciar, y nosotras la terminamos el año pasado. Todo basado en los derechos humanos, y dentro del abolicionismo.”

“La ley de trata no se toca, porque la ley de trata no es punitiva, no es persecutoria (hacia las personas en prostitución), eso es el discurso que está saliendo hacia afuera con complicidad de algunos medios de comunicación. Hace poco salió la última nota, diciendo que las abolicionistas éramos buches, que las abolicionistas éramos vigilantas. Eso es quizá la derrota, que me siento herida y me siento perseguida. ¿De qué lado están cuando me dicen a mí ‘yuta’ o me dicen ‘vigilanta’? ¿Por qué, porque vigilanteamos en los prostíbulos la explotación? ¡Voy a seguir siendo yuta, si es por eso!” exclama, y la sala entera la aplaude.

 

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