LA ALFOMBRA ROJA DE NORITA

Por Camila Milagros |

Cuando llegamos a la catedral, Norita se bajó de un taxi. Entonces todas las que estábamos en la cabecera de la marcha por el Día Internacional de la No Violencia hacia las Mujeres, Lesbianas, Trans, Travestis y no Binaries, arrancamos a los gritos, como siempre.

Norita, Norita, Norita corazón, acá tenes las pibas para la revolución, es imposible no cantarle con todo el cuerpo cuando la ves.

Con un par de compañeras de chaleco verde de la Campaña le hicimos al rededor una ronda de seguridad para llevarla directo a la escalera del escenario. Basta de violencia patriarcal, policial, y machista. Fuera el FMI de toda América Latina. Ni golpes de Estado ni golpes a las mujeres. Vencemos, venceremos, venceremos, dijo agitando el puño izquierdo.

Cuando terminó su discurso, volvimos a rodearla. Con Norita entre nuestros cuerpos, es imposible caminar. Una anda llorando sólo con tenerla cerca, pero la gente, la gente, cuando se da cuenta de que Norita está caminando sobre su propio suelo, se ilumina por completo. Viene directo a apretujarla.

“Una foto Norita, nos sacamos una foto?”, “Nosotras somos del Norte, de una escuela, te hicimos un rap con les pibis Norita, se llama El Rap de Norita”, “Vos podrías ser mi mamá Norita, pero sos la mamá de todas”, “Te amamos mucho”, “¡Noritaaaaa! Que alegría verte!!!”, “Nos podemos tomar una selfie?” Y ella levanta el puño y sonríe con ternura para todas las fotos, todas y cada una, siempre.

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Yo ya la conocía, pero cada vez que estoy con ella, se me inunda el pecho en emociones.

La acompañamos hasta un bar sobre Avenida de Mayo para que se sentara. Norita, inmensa. Una piensa que debe caminar lento, pero no. Casi que corre y a vos no te dan las piernas para seguirle el ritmo. En su cuerpo de no más de un metro y medio, tiene demasiada rapidez física, mental, emocional y política.

Norita, madre de todas las hijas, madre de todas las batallas, es también la verdadera Rockstar de nuestras luchas. Un pibe, que estaba en la calle escabiando un vino uvita, cuando vio que nos acercábamos con ella, se levantó, hizo una reverencia, y se puso a limpiar el piso con sus manos para que Norita pisara tranquila la calle. Esa es la alfombra roja y verde por la que camina Norita… las sonrisas del pueblo, de las feministas, de les marginades.77135924_991291291243803_6338812721722556416_n.jpg

 


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